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Otto F. Guzmán: Koan

Otto F. Guzmán: Koan

El siluro y la calabaza, una pintura-poema encargada por el shogun Ashikaga Yoshimochi a Josetsu.

 

Antes quería escribir. Ordenaba y le ponía adornos en todos lados a las palabras, tratando de evocar espacios vagos que después se volvían adjetivos y más palabras.

 

Pensé, no veo la vida como Werter, no ando por ahí cantando con los pájaros sentado en las fuentes mientras se oyen pasar las castañas de los caballos. Pensaba de ese tipo de literatura como el intento humano de transmitir la perplejidad que la apertura de los sentidos a la naturaleza daba. Tenía que ser eso. Werter estaba perplejo de todo lo que le rodeaba y utilizaba los adornos exagerados en las palabras para esa comunicación.

 

Ahora y caminando, vuelve la palabra escrita a mí, después de no sé cuánto tiempo. Pienso en la transmisión. No pienso en la transmisión. No se sabe realmente nada y se pretende querer decir algo, siempre hablando, siempre  para afuera, a que se funda con el humo de las esmeraldas o camelias.

 

Encontré pues el espacio y  en el espacio entre mis manos cóncavas, estaba todo. Encontré el sonido de un chorro, el vibrar de la sierra eléctrica, el choque de la naranja agria contra el suelo, lo que pasa después de tirar una piedra al agua, el canto del gallo, el árbol de duraznos y el koan. Lo vi claro, me vi viéndome pero no era yo, suspendido en esta nube de posibles.

 

Me quedé callado.

 

No sabía qué más tenía por decir.

 

Ahora toda palabra era incompleta y siempre destinada al fracaso.

 

Era así porque intentaban describir esa misma perplejidad pero no iban a poder nunca transmitir enteramente lo que se había arraigado en la conciencia desde que salió ese sol porque no pertenecía al plano de las palabras. (Estado que si se puede lograr con la música porque no posee conceptos de lo que algo significa, le habla al otro lado, el que no analiza, alguna literatura también lo puede hacer.)

 

Decidí entonces dejar de escribir por algún fin, las historias podían contarse viviéndolas y me gustaba más así. Después de querer hacer esculturas de palabras queriendo nombrar y nombrar, pasé a no querer usarlas.

 

Llevo ahora una pila de papeles mentales, sensaciones del mundo que bañan a la conciencia, historias manifestándose en un ciempiés entre los troncos mientras subíamos la montaña en Magdalena o en el crujir de la leña recostado en el pecho de Sofía. Retando a conversaciones a las aves. Dando a cada cosa y color una respuesta, como pista de acertijo, de la tela que envuelve al espacio entre las manos.

 

“El sol de mediodía no da sombra”

 

Zen koan, de Robert Harding -según parece…

Otto F. Guzmán: Músico, productor en el sello independiente “Sonidos Periféricos” y haciendo sonidos bajo el proyecto “Resistenciamodulada”. Lector engasado, maestro de inglés y traductor para ganarme la vida…

 

Loszopilotes58495

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