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Silencios suspensivos. Antología apastiana (obra reunida)

Silencios suspensivos. Antología apastiana (obra reunida)

Esta antología nace a partir del Colectivo Apaste Anónimo que en pocas palabras podemos definirlo como un grupo de amigos que se dedicaron, por un tiempo, a leer poesía de bar en bar en Antigua Guatemala para que la palabra se propague por horizontes insospechados hasta un infinito próximo, lejano, inexistente…, no está de más decir que esta antología es una combinación de cuentos y poesía:

«Esta es una antología de contemplaciones. Aquí orbitan varios mundos alrededor de una sola chispa expresiva. ¿Es una acusación decir que los autores ─Otto F. Guzmán, Luisa Fernanda Cordova de Burmester, Eynard W. Menéndez Aquino, Gerardo García del Cid y Marlon Hernández─ desamarran el nudo de su sensibilidad sin cuidarse de nada ajeno a ellos?

 

La creación lírica tiene linderos invisibles. Aquí se olvidan. En Silencios suspensivos no combaten lo romántico y lo clásico, las dos grandes mansiones de la poesía de antaño. Esta es una obra que ha alcanzado un puerto más sorpresivo.
Se trata, y es inevitable, de una poesía cuya marcha interior diagnostica la realidad. En la edad contemporánea, escribir ya no es crear sino juzgar. El ser humano está de pie sobre un escenario, ante un auditorio vacío, esperando ser acribillado por su propio vacío.

 

Como si el preámbulo de la creación

fuese el pecado…

(L. F. C. B.)

 

Esta noche parece callada, parece inocente pero

no lo es, la lluvia pasó y aquí todo es un

naufragio.

(G. G. C.)». Sabastívonas

He aquí una pequeña muestra de los cinco escritores que conforman esta antología:

Marlon Hernández

**

La tía ha muerto, le digo a mi perro y él solo agita la cola. Ahora entiendo: la vida sigue, la vida sigue.

Luisa Fernanda Córdova de Burmester

I

Hormiga sonámbula,

he usado tu imagen de embriaguez para

cartografiar el cielo y el infierno.

 

Regresas del desierto y del océano

empapada con tinta.

Destilando ramajes de penumbra y tiniebla

goteando recuerdo y angustia,

salpicando estas hojas de papel.

 

El hormiguero olvidó tu canto,

la línea perdió tus pasos

y aún así te encuentro de regreso

como sugiriendo un retorno,

un intento de volver.

 

Pero volver es el grito de valientes,

y te veo escondida entre mis dedos

y mi piel.

 


Eynard W. de Conqueabur

Poema del silencio

Te veo y te veo y miro tus ojos

y miro tus manos y miro tu nariz

que respira sin decir ni pío

y miro tu cuerpo explayado y

tu panza pegada al suelo y

miro tu cola que se mueve

acompasadamente como un

desliz y miro y te veo y siento

tu miedo y siento tu soledad

y siento que veo tu silencio que

mira el espacio vacío que nos ro-

dea y siento que veo el amor

que te han arrebatado porque

este mundo es cruel y no perdona

y me digo y me palpo el corazón

y lloro junto a vos que proferís

un aullido estremecedor que

estremece el mundo y estremece

los cuerpos sin corazones que

ignoran el dolor e ignoran tu

imploración por la vida y

un bigote tuyo me manda un

beso en medio del silencio y el mal.

 

Gerardo García del Cid

 

En complicidad con El paladar del lobo,

de Marlon Meza Teni

 

1

Tú me miras como acabada de parir, ves las letras

que divagan, es la saliva del paladar del lobo.

No ibas al baño?, no importa.

La cama pulcramente arreglada se desarruga

por la necesidad, por el instinto del porvenir apenas  iniciado.

Es el paladar del lobo,

es tu cuerpo como acabado de parir el que mis manos anhelan,

desean, no, no es eso,

es el paladar del lobo,

son sus glándulas salivales las que no pierden la memoria.
Otto F. Guzmán

 

La pintora y los conceptos

 

No sé, no sé, no sé. Palabras que conveniente­mente se instalaron detrás de mis párpados hasta cubrirlos como con persianas de pelo que de vez en vez, entre ellos, dejaban ver la luz de­trás del cristal.

 

Eran esos momentos, esos en donde mi mano obedecíanada más. Obedecía a medias, indiferente y distante como alguien que se empuja sin querer y se rehúsa a volver. La luz se invitaba, me invitaba, y al alumbrar dentro mis manos y mis ojos se hermanaban como unidos con un cordón umbilical que se alimentaba de luz.

 

Pintaba y allí estaba yo… desnuda ante todos. El rojo venía con el púrpura y los trazos eran firmes.Con fiel exactitud dibujaba su rostro y el retrato era como la piel, lo de afuera, lo terrenal, lo mortal.

 

Pero también sucumbía.

 

La oscuridad del inmenso salón al que mis preguntas constantes me habían llevado se abalanzaba sobre mí como una enfermedad contagiosa, como el tiempo, como el mañana y la incertidumbre dulce y cruel.

 

Pero en el salón había otra luz.

 

Otra que mis manos desconocían pero mi cuerpo creaba. Eran respuestas cuerdas que me tomaban de la mano y caminaban a su lado. La luz detrás del cristal traía preguntas que las respondía dentro, en la oscuridad, y era allí en donde mis manos parecían no responder. Tomaban vida propia y las líneas eran gruesas y su rostro en el papel era irreconocible. De colores diversos, aves salían de su pelo  y los ojos eran mil ojos, infinitos caminos, todo el universo dentro de ellos.

 

Estoy atrapada, me he abandonado en los conceptos. El lenguaje me ha aprisionado hasta el punto en donde no sé, no sé, no sé. Todo es solo palabras. ¿Lo que está detrás del transpa­rente de los ojos es lo mismo que dentro del cuarto?, ¿cómo saber?, ¿es la misma luz?

 

Campanas, jura a la bandera, gritos, campanas.

 

No sé, no sé, no sé.

 

Loszopilotes58495

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