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Cantos de baches mojados [reciclaje poético intercambiable, de Eynard W. de Conqueabur

Cantos de baches mojados [reciclaje poético intercambiable, de Eynard W. de Conqueabur

Cantos de baches mojados… es el primer poemario en solitario de Eynard W. de Conqueabur, a pesar de que ha sido publicado en diversas revistas y antologías alrededor del mundo. Él se define a sí mismo como un ente que no come animales (porque son sus amigos), que ama las bibliotecas como recintos apacibles de felicidad, y cuyas prioridades en la vida eran ser trovador y/o futbolista, sin embargo la literatura lo rescató de los intersticios intermitentes de la frustración…


Quería escribir para sobrevivirme

 

«Cuando terminé de leer los poemas que conforman este volumen me detuve y pregunté: “¿Tiene esto algún nombre?”.

 

Tal vez haya llegado un tiempo en que las cosas y las situaciones que sostienen la poesía no dejan nombrarse más con los nombres conocidos. Para llegar hasta ellas debe emplearse “otro lenguaje”, pero, ¿cuál? ¿Qué debe caracterizarlo? Al parecer, hay en esta obra, de título extrañísimo, un indicio o atisbo primigenio de esa nueva forma de utilizar las palabras para llegar hasta la realidad y estar de vuelta, sin ser descubierto, con los por largo tiempo anhelados secretos del mundo.

 

Pero también es cierto que tales secretos, tal mundo, tal realidad son siempre los mismos. “No hay nada nuevo bajo el sol”, dice Eclesiastés. Lo que hay, en estos poemas, por ejemplo, no es ni siquiera una nueva forma de ver el mundo. Ya otros lo vieron así. Es sencillamente una forma novedosa de decir cosas que ya han sido dichas, de mejor o peor manera, por muchos otros poetas. ¿Es ello un demérito? Para nada, pues la poesía se alimenta de poesía:

 

(…) poesía de

tantas partes de esquinas de

sabores de todo tipo (…)

 

Al contrario, es la forma cómo un poeta se hace parte de la tradición universal, de la literatura, y dice, nombra, expresa, juega. Pero cada juego es distinto, y de un autor al otro cambian las reglas. Esencialmente cambian las reglas del juego, sus colores, sus tiempos, sus formas; no cambia el juego. Savater dice: “Somos en lo que cambia, no cambia lo que somos”.

 

¿A qué juega este poeta? A escribir poemas. ¿Con qué juega? Con la cabeza, con la memoria, con los sentidos, con la piel, con la inteligencia, con la locura, con una lengua que le fue dada y a la que no se resigna y quiere extremar y reedificar. Sus armas son las de César Vallejo: la sinrazón, el quebranto, el altibajo, lo trivial, lo lúdico, el arrebato, el prosaísmo. Es una poesía impresionante, desquiciada, como la risa de un payaso:

 

(…) palabras y palabras y

palabras sin voz que se

confinan en ríos insubor-

dinados que tropiezan y

fluyen ante el rayo feroz sin

temor de arriba en siglos y luz.

 

Un payaso melancólico. Un payaso abrupto y sin auditorio. Un payaso a quien no es grato encontrar en ningún sitio solitario. Sus trucos y piruetas son mensajes apenas inteligibles, pero auténticos. Amenazantes, porque no ilusionan. Comprometidos, porque no invitan al lector a viajar a ningún mundo, sino a quedarse enfangado en este y acabar aquí de perderse:

 

(…) quiero que-

darme callado para deshacerme

en mi constitución pero el silen-

cio se come mi cuerpo para

festín desamoradamente seco (…)» Sabastívonas (extracto del prólogo)

 

Muestra poética:


CXVIII

Ah hoy si fuera mañana

y yo si fuera más yo

y el mundo si fuera otro

mundo o sol o luna o algo

que sea grande y luminoso

y perezoso y relamido y

consciente de su grandilo-

cuencia de aparecer todos

los días y noches como

seres inmaculados trotando

perdidamente por allí

con/y nuestra inmensidad

ansiosa por permanecer

incandescentemente incan-

descente de cadencia sola.

 

CXXXIII

Siento amor latiendo desde el

fondo del pecho como ya dije

un montón de veces y no me

canso y sigo que sigo empero

y ja que siento amor que me

recorre el cuerpo de brazos y

dedos y vellos y piernas y muslos

y barba y labios y uñas y tobillos

y pies y cintura y que no termina

que se me funde otra vez en el

pecho y siento amor que quema

en cualquier cavidad sobresaliente

a la común vista de todos y

me calmo como cualquier cosa

que se ve y se siente y siento

que se diluye el amor en saliva

que quiere más saliva y que quiere

entremezclarse con más y más

que siento amor de carne que

quiere carne y confundirse en la

carne y la piel para enroscarse y

siento amor de hoy como del

momento como de emoción y

compulsivo que cala en el fondo para

preciarse y quedarse y siento tanto

amor que ya no aguanto y quiero

apretujar espalda como desasosiego

desventurado de mí con todo el

cuerpo y todo lo extraño que flota

en mi pecho y todo lo raro que soy

y me vuelvo que no me siento y hay

días en que siento amor con precisión.

 

 

CCVII

El cielo es azul sin flores

y a veces es blanco sin ángeles

y a veces es gris sin rayos de luz

y a veces truena como tortuga

en el agua con palmeos de

caparazón recién buceador

o tiburón que se hunde o como

cola de ballena que se la ve y

observa y canta y baila y salta

con los ojos bien abiertos y

las manos alzadas al cielo como

pidiendo que hable algo que

entendamos que a veces

escuchamos en canciones diferentes

que creo invocan a dioses del

agua para amistades que se

susurran del aire proclive a

embestir con fuerza la tierra

de flores y silvestres aves.

 

CLXXIII

Una falda que se pliega –la

constancia del broche –las

cosas que ruedan –los hombres

que se caen –lo que se dice

bragas calzoncito de colores –la

puerta que se abre –la ventana

que se cierra –el horizonte

plasmado –dibujos sin tinta

–armaduras de huesos –pas-

teles hambrientos –calor/frío.

Loszopilotes58495

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